Cada día, cantidades ingentes de materiales peligrosos son transportadas en las zonas urbanas de todo el mundo: explosivos, gases, líquidos y sólidos inflamables, oxidantes y peróxidos orgánicos, sustancias tóxicas e infecciosas, así como materiales radiactivos, según una clasificación de la Organización de las Naciones Unidas.
Sin embargo, en caso de accidente, el riesgo para la población no resulta igual en todas las ciudades. Es menor en las de los países desarrollados, donde los puntos de destino de esos materiales no se mezclan con otros usos de suelo, como sí sucede en las grandes ciudades de México.
«El paradigma de esta mezcla de usos de suelo incompatibles es la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), conformada por la Ciudad de México y parte del Estado de México. En ella, el suelo habitacional se mezcla con el comercial y el industrial», advierte Angélica del Rocío Lozano Cuevas, investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
Debido a la falta de un orden territorial y a un crecimiento urbano sin un plan integral, hay usos de suelo que entran en conflicto. Los grandes orígenes y destinos de los materiales peligrosos están rodeados de áreas habitacionales, aunque la mayoría de las instalaciones que generan o atraen ese tipo de materiales se establecieron hace años en lugares alejados de donde habitaba la población.
«El cloro es el material más peligroso que se transporta en la ZMVM; y la gasolina, el que circula con mayor frecuencia: el primero va a las industrias o puntos de producción; el segundo, a las estaciones de servicio», agrega la investigadora.
En 2010, tres depósitos de gasolina abastecían a 324 estaciones de servicio que demandaban cerca de 25 millones de litros al día. Estas estaciones son surtidas por camiones cuyos tanques pueden contener 20 mil litros de gasolina o diesel, realizando unos mil 200 viajes al día y recorriendo diariamente más de 26 mil kilómetros.
Ese año, el cloro tenía cuatro orígenes fuera de la Ciudad de México y seis plantas como destino ubicadas dentro de sus fronteras, cruzando áreas pobladas. En 2005, un camión con amoniaco chocó contra un autobús en Sinaloa; murieron casi todas las personas involucradas, no por el impacto, sino por la intoxicación.
«El cloro, como el amoniaco, forma una nube tóxica cuya área de impacto es de varios kilómetros. En cambio, una explosión por gasolina impacta un área de unos 500 metros a la redonda», apunta Lozano Cuevas.
Al simular escenarios de accidentes con los materiales más peligrosos, la investigadora llegó a la conclusión de que serían terribles: un accidente por cloro en el circuito exterior mexiquense, zona densamente poblada, requeriría evacuar medio millón de personas en 15 minutos, algo no posible. En 2008 ocurrió un accidente por cloro en el puerto de Veracruz; la ayuda tardó tres horas cuando debió haber una evacuación a los 15 minutos, aunque afortunadamente no hubo gente dañada porque el viento sopló en dirección al mar.
Para reducir el riesgo, Lozano Cuevas considera que debe haber límites de velocidad y rutas adecuadas dentro de la ciudad para el paso de los camiones que transportan estos materiales, y que los conductores de los demás vehículos deberían poder identificar fácilmente cuáles transportan ese tipo de materiales.
Aunque se requieren estudios específicos sobre el impacto de cada material peligroso en caso de accidente, la investigadora propone que los camiones que los transportan circulen de día o de noche dependiendo del impacto que tendría el material y de la cantidad de población que podría afectar.
Asimismo, considera indispensable poner en marcha un ordenamiento territorial gradual que promueva el desarrollo urbano con mezclas de usos de suelo compatibles, de modo que un accidente no afecte zonas habitacionales.
Si bien hay muy pocos accidentes durante el transporte de materiales peligrosos, en la ZMVM no se está preparado para una evacuación ni informado sobre qué hacer en caso de una explosión, una nube tóxica u otros eventos con ese tipo de materiales, ya que los bomberos no siempre cuentan con el equipo adecuado para hacerle frente a un accidente con químicos.
La población tampoco sabe identificar cuáles son los materiales peligrosos y qué camiones los transportan, aunque es fácil saberlo porque tienen un rombo con cuatro colores que indican el tipo y grado de riesgo: rojo significa inflamabilidad; azul, riesgos a la salud; amarillo, reactividad; y blanco, riesgo específico.